Desde pequeño me ha intrigado la profesión de los periodistas. Me maravillaba delante el televisor cuando aparecían los corresponsales de guerra, imágenes de impresionantes paisajes naturales en los documentales o simplemente al ver al extraordinario reportero Tintín salvando el mundo. Entonces, supe que eso sería lo que me gustaría hacer en el futuro. Siempre lo tuve claro y no le di muchas vueltas. El sueño, por tanto, consistía no en ser un periodista más, sino llevar al límite las cualidades de un buen reportero tales como el descaro o la búsqueda constante de la verdad. Ahora, una vez he empezado los estudios y después de haber leído El periodista universal, soy cada vez más consciente de que para poder cumplir mi sueño de la infancia deberé trabajar muy duro e incluso cambiar algunos de mis hábitos. La profesión del periodista precisa de una formación constante pues su material de trabajo está en continuo cambio. A parte, es necesario saber escribir de una forma muy concreta y tener el atrevimiento suficiente para realizar acciones que no todo el mundo estaría dispuesto a ejecutar para conseguir una información concreta.
Por tanto, a causa de sus propias características, el periodismo de calidad es una actividad que requiere de unas cualidades muy concretas, que solamente acaban desarrollándose en unos pocos individuos. Sé que aún no poseo muchas de estas cualidades pero confío en que después de unos años de formación y aprendizaje pueda adquirirlas y así poder ver mi sueño cumplido.
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