Muchas son las voces que anuncian el final del periodismo como un hecho muy próximo. Alegan que el boom de las nuevas tecnologías y de las redes sociales está proporcionado a los ciudadanos la información que necesitan de manera gratuita. Según ellos, ya no se necesita el trabajo de los reporteros, pues todas las informaciones pueden ser enviadas por las agencias a través de internet. Pero, ¿es este realmente el grado de información que la sociedad demanda? En mi opinión, está claro que no. Es cierto que hay algunos aspectos de la actualidad a los que los ciudadanos están acostumbrados y no necesitan ser analizados de forma profunda. Hay muchos otros, sin embargo, que necesitan obligatoriamente de la interpretación de un experto en el tema o bien de un corresponsal que conozca los hechos de primera mano y que no deba pedir la información a una fuente que puede estar condicionada por factores muy diversos. Debido a esto, se desconfiará cada vez más del periodismo que practican los blogueros o los usuarios más activos de las redes sociales, hecho que permitirá el renacimiento del periodismo riguroso y de calidad. Los medios a través de los cuales se producirá esta resurrección aún están por ver, pero me inclino hacia un modelo de medios que incluyan por un lado, informaciones básicas gratuitas y por otro, contenidos detallados que deberán ser pagados.
Queda claro, por tanto, que el periodismo no desaparecerá debido a los avances tecnológicos. Más bien, se reinventará a partir de ellos con el objetivo desarrollarse aún más, como lleva haciendo durante toda su historia.
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